El Álamo (Catedral Viva)

 

37219 Guadramiro, Salamanca, España

 

Uno de los símbolos de Guadramiro es el álamo ubicado junto a la iglesia. En torno a él presumiblemente se celebraban antaño las reuniones del concejo abierto como venía siendo tradicional desde la Edad Media en el antiguo Reino de León así como en otras regiones de España como el País Vasco o Navarra, en que casi todos los pueblos poseían un árbol en torno al cual se reunía el pueblo para debatir los asuntos importantes y decidir sobre los mismos. Generalmente estos árboles míticos para la reunión del concejo solían ser bien álamos, bien robles aunque también había casos particulares en que eran de otra especie, siendo el árbol de reunión más famoso el de Guernica (Vizcaya).


En Guadramiro, el álamo de la iglesia, como así es conocido, sino es el más viejo, es uno de los que más. Su edad puede ser mayor de 500 años, es decir, tiene más de cinco siglos de antigüedad. Y es que ya se hace referencia a él en el siglo XV al situar ciertas casas de los marqueses, especificando que una de ellas estaba junto al álamo de la iglesia.

Además su tronco alcanza el metro y medio de diámetro.


Ha sido uno de los símbolos de los guadramirenses, ejemplo de ello, es que, nuestra revista local ,que cumple ya veinte años, lleve su nombre.

Álamo que, antes de que le entrase la enfermedad de estos árboles, imponía al visitante y al propio vecino de Guadramiro. Con su fuerza y entereza llegó a retar en altura a la propia torre; levantándose por encima de cualquier tejado del pueblo.

Su fuerte sabia y sus altas ramas hacían que su poda fuera imprescindible cada cierto tiempo. Los mayores recuerdan que la mucha leña que producía se vendía y subastaba entre los vecinos.

 




Este centenario ha visto a muchos recién nacidos acercarse por primera vez a la iglesia, pero también ha visto dar el último adiós a multitud de personas.

Fruto del gran pasado de Guadramiro, ha sido testigo de enlaces matrimoniales, fiestas, procesiones, ofrectorios, reuniones de mozos y gente en torno al bar; en definitiva, de multitud de encuentros, aportando su sombra cuando era necesario.


Ha visto como los hijos de Guadramiro corrían a sus anchas por su entorno y entre sus brazos, sirviendo de diversión y juego, pues la oquedad de su tronco permite esconderse dentro. ¡Cuantos fueron los que picados por esa curiosidad se adentraron en esta autentica fábrica de oxigeno, el cual nos permite respirar a muchos seres vivos, generalmente mucho más ruidosos, más pretenciosos y más breves!

Conviene recordar que los árboles centenarios sobreviven a los cambios del clima, al frío y a la sequía, cuando todos los árboles jóvenes sucumben. Vienen a ser, en definitiva, los padres de la mayoría de los árboles. Pero como todo ser vivo, están expuestos a enfermedades como la que sufre nuestro abuelo álamo, la cual soporta como puede; intentando brindarnos con su compañía hasta que no pueda más.


Desde aquí, queremos rendirle el mejor homenaje, deseando verlo durante muchísimos años más.

 

A.C.R y  C.J.S.F.

 

 

 

Querido ¡ álamo viejo!

Que, doliente y malherido,

A pesar de tus achaques

Aguantas firme y erguido.

 

Tu robusta fortaleza

Sobrevive a los vaivenes

Del tiempo, que hace su oficio

Y ha clareado tus sienes.

 

Eres símbolo perpetuo

Del pueblo de “Guadramiro”

Y delante de la iglesia

Siempre estás cuando te miro.

 

Bajo tus ramas frondosas

Nos acogiste de niños,

Y luego, de adolescentes

El amor nos hizo guiños.

 

Eres como un estandarte

Ondeando siempre al viento,

Mirando frente a la iglesia

Oras con recogimiento.

 

Cuando escuchas en la torre

Cómo tocan las campanas,

Contento tú le respondes

Zarandeando tus ramas.

 

 

Viejo árbol centenario

Donde los pájaros duermen,

Y tú le cantas la nana

Con un lenguaje que entienden.

 

Que los vientos no te dañen

Ni los rayos te derriben,

Que la gente de este pueblo

Siempre te cuide y mime.

 

Porque eres parte vital

Y un simbólico elemento,

Que, lo mismo que la iglesia

Eres también monumento.

 

Sigue dándonos cobijo

Como padre acogedor,

Que goza viendo a los hijos

Que están a su alrededor.

 

No te rindas todavía

Y no te des por vencido,

A pesar de que te encuentres

Tan maltrecho y malherido.

 

Que mientras corra en tus ramas

La savia que te da vida

Tú seguirás aguantando

Con la copa bien erguida.

 

 

PEPITA CALLES