FOLCLORE CHARRO

 

Diego tocando. Bailes charros el día de las fiestas de San Cristóbal.  Guadramiro.

Albert tocando. Día de las Madrinas. Guadramiro.

 

 

En este amplio concepto que las ciencias sociales denominan FOLKLORE se encuentra la vida misma en todos y cada uno de sus aspectos. El quehacer cotidiano y el transcurrir del curso vital repetido en cada persona, han ido tomando unos matices que hoy observamos, no como vigente actualidad, sino como auténtica historia de sus creadores: el pueblo.

Canto, danza, indumentaria...son una parte de la joven ciencia folklórica -definitivas por lo que de personalizante tienen- pero no únicas. Por ello, la comprensión del folklore de un país, región o provincia es compleja si atendemos a unos aspectos determinados en exclusiva olvidando el resto. Las manifestaciones nacidas del hombre van tan íntimamente ligadas que resulta difícil el entendimiento aislado de una de ellas sin remitirnos a las complementarias.

Porque el hombre ha utilizado los cauces necesarios para comunicarse, para desarrollar sus fuerzas vitales podemos decir que la danza y el baile son algo más que una necesidad anímica, suponen una prolongación de su propia realidad física, porque, como vehículo que éstos son de expresión, dan rienda suelta a exteriorizar las más profundas necesidades de libertad.


El baile y la danza de tipo tradicional no se mueven en sus orígenes por condicionamientos estéticos o de simple solaz. Van más allá. A través de ellos podemos delimitar no sólo la estética de una comunidad, sino el conjunto de rasgos étnicos de la misma, inevitablemente proyectados sobre éste, porque en su última esencia encierra todo un mundo de mágicas y pretéritas creencias, fruto emanado de algo más que de una mentalidad. Es la tierra en conjunción con esa prolongación de sí misma que es el hombre.

Así, hay bailes fecundatorios, estacionales, de iniciación, guerreros, nupciales, religiosos, zoolátricos y animalísticos, agrarios...aunque hoy queden como el resultado exterior de una tradición, carente de simbolismos por la falta de comprensión y de ambientación a que la cultura de tipo tradicional se ve ineludiblemente abocada.


El baile salmantino, el Folclore Charro, es un baile social, de necesaria conjunción cuando menos de dos personas. Es un baile sobrio, elegante, ceremonioso. En él hay mezcla de la esteticidad orientalizante en la que no caben improvisaciones fortuitas -que supondrían casi una profanación con lo evolutivo en cuanto a las formaciones geométricas de Occidente.

Es un baile más para ser vivido que para ser contemplado; si no se ejecuta, no se percibe todo su contenido o, lo que. es lo mismo, no gusta de espectadores, sólo protagonistas. Y sólo a partir de su interpretación se hace comprensible esa seriedad que de común tiene en el rostro el bailador de "soleta", el buen bailador.
 

Arcadio y Pepe actuando en la plaza de Guadramiro.

 

Y para bailar es necesaria música, y ésta generalmente la efectúa un tamborilero, con su tamboril y con su flauta(de tres agujeros).

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A la flauta en Salamanca también se le llama “GAITA” o “Gaita Charra” y en la provincia de León se denomina “Chifla”.

Este instrumento tan tradicional se toca en todo el territorio que ocupaba el antiguo Reino de León, formado por las hoy provincias de León, Zamora, Salamanca además de las zonas en contacto y limítrofes con éste; como el sur de Asturias y el Norte de Cáceres o la zona portuguesa de Miranda de Douro, las cuales, también formaron algún tiempo atrás parte de dicho Reino cuando éste abarcaba mayor dimensión, llegando incluso hasta tierras andaluzas como Huelva, donde también es tradicional el uso del instrumento: de menor tamaño y sonido más agudo; allí lo conocen como “Pito rociero”.

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Botón charro

El simbolo charro y del folclore salmantino es el botón charro.

Los grandes y afamados tamborileros se encuentran en Salamanca, parte de Zamora y en la comarca de la Maragatería en León.

Actualmente, dentro de la provincia de Salamanca, destacan nombres como Arcadio (el tamborilero que más conserva los toques riberanos), JM Bustos, Agustín Garcia, El Mariquelo, Pepe Gil, Manolo, Berna, Vela o tamborileros serranos como Ramón, Marcelino... así como otros muchos nombres

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JM Bustos acompañado de varios tamborileros de la provincia como Afrodisio de Vilvestre.

Por todas las provincias citadas pasaba una gran vía o ruta denominada “La Vía de la Plata” desde época de los romanos, de Norte a Sur, de constante contacto entre gentes y pueblos, de transmisión de cultura y tradiciones, de cancioneros….también la trashumancia, del camino de Santiago…. Esta ruta influía abultadamente en nuestra cultura.

Como queda visto, la gaita charra y el tamboril son los instrumentos por excelencia del folclore charro o salmantino y los cuales más nos identifican; aunque también se utilizan otros instrumentos más comunes, musicalmente hablando, con otras zonas  de España, como la dulzaina (en pueblos linderos con Castilla, como Peñaranda, Macotera...), las castañuelas, una simple botella, un almirez… También en la franja suroeste de la provincia utilizan el pandero cuadrado, en pueblos comoPeñaparda, Robleda… conocida esta zona como El Rebollar.

Dentro del folclore de nuestra provincia salmantina encontramos pequeños aspectos que difieren entre zonas, comarcas o subcomarcas, si describimos  los tipos de trajes,  pasos y bailes  o tipos de toque de gaita y tamboril; no alejándose todos ellos de un tipo general común.

Mapa de la provincia de Salamanca

Las comarcas más características o sobresalientes dentro de este estilo son; la Ribera, el Campo Charro, la Sierra, el Rebollar y la Armuña entre otros.

Estudiando LOS TRAJES TÍPICOS, y admitiendo algunas diferencias comarcales, en general suelen estar caracterizados por su gran elaboración y su excesiva ornamentación, siendo de los trajes típicos más ricos de la Península en lo que a número de elementos y calidad de éstos se refiere.

El estilo más típico y el que da el verdadero carácter a la provincia, domina parte de la Ribera, gran parte de la zona izquierda del Tormes, los partidos de Alba, Vitigudino y Ledesma, de Ciudad Rodrigo hasta el Bodón, la mitad del partido de Salamanca, Béjar, Sequeros y Ciudad Rodrigo.
Pero hay muchas variantes dentro del mismo carácter fundamental.

Ejemplo de traje femenino.

Así, en su versión femenina:

Viene caracterizado por la existencia del "dengue", que supone una prenda en forma de aspa que cruza el pecho de la mujer, con muchos bordados. Jubona de terciopelo calado bordado en seda de color, manga estrecha de campana o sin ella con botones de filigrana. Pañuelo de hombros de tela bordada en lentejuelas .Manteo encarnado de debajo con vuelta. Medias caladas y zapatos de terciopelo. Mandil o picote muy bordado. Faltriquera bordada poco visible y colgando de la cintura. Por detrás sobre el manteo y también atadas a la cintura dos cintas muy bordadas rematadas de fleco de oro.

Ademas de todo ello, hay que añadir los tocados, joyas y ornamentación, que sería muy extenso describir.

En cuanto al traje masculino éste viene caracterizado  por:

Sombrero, camisa con deshilado o chorrera blanquísima de finísimo hilo, cuello muy labrado, abrochado con grueso botón de oro, chaqueta ajustada y corta con ribetes, chaleco abierto en forma de escuadra para mejor lucir el camisón, dos filas de botones planos y anchos de plata, cinto ancho charolado o de cuero, llamado media vaca en la zona del Campo Charro y faja muy bordada en el resto, calzón muy ceñido al muslo, hasta tocar en las ligas pañeras. Finalmente media negra y bota alta de montar. En invierno se suele llevar capa charra.

Si nos referimos a la DIVERSIDAD DE TOQUES Y ESTILOS hay cuatro grandes troncos de los cuales salen varías ramas y estilos cercanos y familiares a estos que son: la Jota, el Charro, la Charrada y el Pasacalles,  cada una de las cuales posee un ritmo base o plantilla esencial que puede variearse o recargarse originando diversas ramas, ritmos que nacen en el seno de la misma familia ritmica. No es casual, por tanto, que melodías pertenecientes a distinatas ramas de un mismo tronco puedan interpetarse haciendo uso de  cualquiera de los ritmos de las otras ramas de esa misma famila, cosa que no sucede al aplicar ritmos de troncos diferentes. 

Espe y Nieves bailando la rosca en la plaza

 

FANDANGO o JOTA: Del que nacen ritmos bailables tales como el fandango serrano, el corrido, brincao de Peñaparda,  o la jota. La plantilla rítmica coincide con ladel resto de fandangos y jotas de toda España. También da lugar a ritmos no bailables como procesiones y ofertorios.
Ejemplos: La Clara, la Montaraza, Jota de Villavieja de Yeltes, Fandango de Robleda...

CHARRO VERDADERO: Es un ritmo muy extendido y típico en el oeste de la provincia, de la Ribera y aparece también en algunas zonas de Zamora con menor profusión.
Se trata de un ritmo binario de agrupación cuaternaria, pero con acentuación no simétrica, sino a contratiempo. Es además, el ritmo más antiguo de cuantos aparecen en Salamanca.
En palabras de la entendida Pilar Magadán Chao el charro es " [...] más solemne (que la charrada) [...]  de una elegante austeridad".
Aparece también el charro como parte fundamental en el baile de La Rosca o La Pica, baile tradicional de boda en Salamanca. Y en muchos ofertorios.

Ejemplos: Charro de Guadramiro, Charro del Espinacal, Charro de Lumbrales,  charros que solían tocar emblemáticos tamborileros como nuestro vecino Andrés Calles,  el Tío Frejón, Arcadio, típicos de la zona de Guadramiro, Retortillo, Villavieja, Villasbuenas…

LA CHARRADA: Es el ritmo con una influencia radial en todas las provincias limítrofes, como Zamora, Avila y Cáceres. Básicamente es un ritmo quinario de asociación binaria.
De esta gran familia nacen ritmos como el picao serrano, el perantón…

EL PASACALLES: El pasacalles debe su nomenclatura a su utilidad. El tamborilero lo interpreta andando por la calle. Un ritmo que, efectivamente incita a caminar, a marchar al compás de la percusión.
Por tanto, se utiliza en procesiones, alboradas, etc. Aunque es también el ritmo utilizado en algunos bailes de paleos, y en el baile de la bandera. 

Ejemplos: Pasacalles de Corpus, La viudita de Miranda, El burro de Villarino…

 

Baile de la rosca en la plaza por Sara y Diego Ramos.

 

Al margen del análisis rítmico, podemos destacar una serie de bailes de gran interés, vinculados a determinados ritos o ceremonias: la rosca y pica, el baile de la botella, la bandera, ofertorio, alborada….

En cuanto a ritmos, Guadramiro queda encuadrado en la zona que hoy llaman la Ribera, que va más o menos desde la zona de Villavieja hasta las mismas Arribes del Duero. El tamborilero más caractéristico de esta zona, el cual conserva mejor toda nuestra esencia particular central y comarcal es Arcadio de Barreras, como se le conoce hoy en día, aunque naciera en Picones y comenzara dicha afición en Gema. Tuvo dos grandes referentes, de los que trato de aprender e imitar que eran:  el señor Urbano de Yecla de Yeltes y el señor Andrés Calles de Guadramiro, muy amigos también entre ellos. Igualmente de particular en la Ribera es Afrodisio de Vilvestre y Mieza, con un origen más exclusivo de las Arribes inmediatas al Duero. Ambos son de los pocos tamborileros que quedan "de los de antes".

Hoy en día se designa a toda la provincia como CHARROS, aunque no era así; se ha generalizado se ha incluido al serrano, al armuñes, etc. Pero lo que realmente era la charrería lo definió bien Julián Sanchez el Charro (recogido en el libro de Manuel Moreno Blanco “La Gudina”) y esa zona incluía parte o todo de lo que hoy dicen la Ribera.

Homenaje a Arcadio en Guadramiro

Según Don Julián Sánchez " El Charro", la zona charra no es la provincia de Salamanca, ni Salamanca ciudad es charra. Eso es puro folklore de teatro.

El charro, como el gaucho, es un tipo humano determinado por la geografía natural, no política, por el género de vida, por el aislamiento de los siglos, casi de milenios; alguno de estos factores podemos indicarlos: vida ganadera, territorio de praderas y encinares bien regados por ríos y riveras, gentes de acendrado espíritu católico, rosario al amor de la lumbre y prolongados seranos en las noches de invierno.

El ganado vacuno que criaban generalmente morucho, o de raza brava, más o menos encastado de una manera natural y seleccionado como se ha hecho en tiempos recientes.

Diremos que LA CHARRERÍA es la cuenca del Yeltes; llamemos Yeltes al río que viene de la Peña de Francia y recibe como afluentes principales, por la derecha, el Huebra y por la izquierda el Camaces. Esa es la esencia de la charrería; al norte la cuenca empieaza a notar el gallego con Sayago y el castellano con La Armuña: al sur se insinua ya el andaluz.

Mozas de Guadramio, año 1971

 

La capital efectiva natural, cuajada en la olla de la historia, es Villavieja de Yeltes, y en todos los pueblo enmarcados en esos límites hemos conocido tipos charros característicos en su manera de ser, en su manera de vestir, en todas su formas de vida, desde las más puramente económicas hasta las más estrictamente espirituales. Es la zona del tamboril y de la gaita, no de la dulzaina y el redoblante, tan discordantes en las fiestas tradicionales de estos pueblos que se organizaron durante siglos con muchos factores: uno de ellos, influyente e influido, el insustituible tamborilero.

Dentro de esa cuenca tenemos  San Muñoz y Fuentes de San Esteban, Boada y Retortillo, Villavieja y Yecla, Vitigudino y Guadramiro, Villasbuenas, Olmedo y Cerralbo, Lumbrales e Hinojosa y desde luego otros muchos y típicos pueblos.

Esta comarca, un tanto marginada, aislada de las corrientes de la vida nacional, ha vivido no muy mezclada en guerras y revoluciones; no obstante, nuestra proximidad con Portugal ha producido algunas perturbaciones a través de los tiempos.

Guadramiro, años 70, Andrés, José Manuel y Jesusa

Guadramiro siempre fue un pueblo charro por excelencia, cuna de grandes maestros de la gaita y tamboril y buenos bailadores. Además toda la gente del pueblo vestía con el traje charro, según nos han contado nuestros mayores. Era un sentimiento, una costumbre una razón de nuestro ser. Porque en muchos pueblos vecinos no era así, no se vestía de esta forma.

 Además en Guadramiro tenemos testimonio ilustrativo, en los cuadros de Vidal González Arenal, que siempre buscaba en sus obras el costumbrismo provinciano. Destaca la “Sesión de Ayuntamiento Charro” con todo el pleno municipal de Guadramiro a finales del siglo XIX. Todos uniformados de charros, de los pies a la cabeza. Pintaba en los pueblos con más solera y tradición como Villavieja, Guadramiro, Vitigudino, pueblos típicos de las arribes, y de la sierra como la Alberca. Aunque ya sabemos que Vidal tenía su corazón muy unido a Guadramiro. Según dicen pintaba dentro del Palacio  de los Marqueses, hoy ya desaparecido.

 

Cuadros de Vidal G.A. en Guadramiro.

También nos dejó detallado un tamborilero de Guadramiro casi siglo y medio atrás. Con ello tenemos testigo de la tradición de la cual no dudábamos.

Las viejas piedras de las calles de Guadramiro aun guardan el eco de muchas horas de gaita y tamboril, dulce sonido que ha acompañado desde siglos al aire de cada calle, rincón o caserón; desde el altar de San Cristóbal hasta la mismísima torre inyectando alegría y pausa en el duro trabajo del campo.

37219 Guadramiro, Salamanca, España

Andrés Calles

Una placa en el ayuntamiento nos recuerda a otro tamborilero de los grandes, a Andrés Calles, que no solo debería tener una placa, si no el nombre de la gran plaza rectangular y porticada de Guadramiro,  en la cual tantas veces fue pieza indispensable. No faltaba a cada reunión vecinal. El viejo Andrés aún conserva el recuerdo y el cariño de los que tienen ya cierta edad. Solo oyes palabras de elogio hacia su figura a la vez que observas el brillo en los ojos de la persona que te recuerda como amenizaba tiempos mejores y a la vez peores en Guadramiro.

José Luis Moro, tamborilero, artesano de gaitas y tamboriles. Teníamos nuestros propios pasos de jota, charros, banderas, pasacalles, …bailadores, grandes bailadores, que aún se recuerdan con ilusión. Con  un vaso en la cabeza bailaba Felisa Pazos, muy bueno bailando y con las castañuelas Hermenegildo y su mujer Aurora, tambíen Gaspar Moro, Adelaida, hasta Pepa, la mujer del señor Andrés, muy recordados y algo más jóvenes José Manuel Torres, Jesusa Martín, María Moro, Tina, Mari José… hasta actuales como Espe, Nieves, Diego Ramos o Pepe y una saga de jóvenes tamborileros como Albert y Diego que vienen renovando nuestra esencia.

Tamborileros bajando desde la ermita de Guadramiro.