ESCRITOS A GUADRAMIRO

 

Pregonar a Guadramiro, es pregonar su entorno paisajístico de excepción: los encinares, pincelada de esperanza, "mancha verde" alternando en algunas zonas con el roble. Pasearse por rincones pintorescos. Detenerese ante el espectáculo de una puesta de sol en la Vega que conserva como exponente y admiración la belleza paisajística de los atardeceres.

Pregonar a Guadramiro es fijarse en un asentamiento, en donde la llanura, lejos de la monotonía estática, se mueve de la mano de unos alcores mamblados que se suceden sin interrupción con auténticos alcores de vigilancia: desde el Teso de Nuestra Señora del Árbol al Teso de San Cristóbal o desde el Teso del Horno a la Peña del Cuervo.

Pregonar a Guadramiro, es hundirse en nuestra historia rica y de rancio abolengo. Pregonar a Guadramiro es detenerse ante la Iglesia Parroquial y a la corona de ermitas de su entorno: San Cristóbal y San Sebastián ya desaparecidas, Nuestra Señora del Árbol, y a la sencilla Cruz Alta que franquea la entrada al pueblo a los forasteros. Pregonar a Guadramiro es recordar la historia que marcan sus hombres y mujeres: sacerdotes, religiosos, religiosas, maestros, maestras, pintores, son un exponente de Guadramiro en la historia. Todos guadramirenses de raigambre han sido nuestros adelantados en España, en Europa, en América....en todo el mundo: Fray Esteban de Guadramiro, Gutierrez de Pedrosa, canónigo de Palencia, y a los que llevaron un trocito de nuestro pueblo a tierras americanas: Sancho de Lugones, Juana Diaz, Pedro de la Peña, Pedro Maldonado y otros muchos más recientes......

 

Mary José Casado Calles.

 

Guadramiro tierra hecha luz para fijar sendero desde el hondón del pedestal granítico. Regazo de emoción al peregrino bajo la mar brumosa del lucero. Manojo en flor. Alforja y alfarero para el tenaz troquel de su destino. Gruta de luz. Verdor azul marino. Colina de esperanza, aljibe, alero. Semilla germinada en la espesura del surco campesino. Pentagrama vegetal entre notas de blancura, donde se funde en musical proclama el himno esplendoroso de su historia. Azul recodo que el amor hermana en cauces de sonora poesía. Guadramiro de bruma y de llanuras para colmar de envidia la sabana, el de la frondosa vega que desgrana el manantial lunar de su alegría. Suelo apacible de risueño cielo para enjugar el llanto de la brisa. Terreno para el temple del anhelo donde el afán humano se desliza y se trueca el amor por el desvelo. Pueblo mío que con los siglos se eterniza. Yo sólo se que soy de tus entrañas Guadramiro. De donde son las rocas, los caminos.  De donde ruege por la noche el frío sobre escarcha de musgo y neblina. De donde brota el aire, mensajero del manantial dormido en la espesura. De donde traza surcos el arado hasta llegar al corazón del hombre. Guadramiro, yo solamante soy de tu morada. Aire de julio para mi luz divina, para mi aldea, florida de tristeza y conticinio, de soledad, de musgo y de vereda. Julio amor, para el tejado rojo, para el zaguán también adormecido de esperar tu color; el de mis pepñas y mi colina gris, cabalgando risueña por el cielo. Aire de Julio, amor para la lluvia trenzada de neblina aquí mi aldea. Julio por fin para nacer contigo Guadramiro. 

                                                                                                                                        Mary José Casado Calles.

 

 

Soy hija de Guadramiro. Me siento hija de Guadramiro como la que más. Aunque llevo muchos años lejos de aquí, estos años de ausencia no han podido arrancarme el profundo amor que profeso a mi "patría chica".

                                                                                                                                       Mary José Casado Calles

 

¿Y qué os diré a vosotros guadramirenses de hoy?...     Quiero daros un pregón y, primero, recordaros esas glorias de familia, riquezas de nuestros lares. Si hoy celebramos las fiestas que anuncia este pregón, es porque hay una expectación en el pasado más cercano; y que un ejército invisible, carne de nuestra carne, nos contempla, nos anima, nos aplaude, nos invita a vivirlas con ilusión, con grandeza de alma, con dignidad, sin que quede por atender el menor de los pormenores que constituyen el entramado de la gloria de nuestro pasado.

                                                                                                                                       Mary José Casado Calles

 

 

Estamos viviendo, más bien diría sufriendo, una situación económica muy dura, tal vez la peor desde que tengo uso de razón, tan preocupante en las zonas rurales como en las urbanas, aunque posiblemente con peor perspectiva de futuro para nuestros pueblos. A este Guadramiro del alma, al igual que en toda la comarca, no le quedó más remedio que dejar ir a sus hijos en busca de otros derroteros, de otras tierras, con la sana intención de encontrar un futuro mejor. El tiempo que todo lo puede, hizo que poco a poco se fueran olvidando las raices, el apego y, como diría una taurino, la querencia; creo que debemos concienciar a las nuevas generaciones, que no pierdan el cariño y esa querencia hacia el pueblo, y si salen en busca de nuevos horizontes, que piensen en lo que dejan aquí, que vuelvan en cuanto tengan ocasión a disfrutar de la tierra que les vio nacer, que no olviden a los que siguen aquí, trabajando día a día, año a año, luchando porque Guadramiro no desaparezca y no se convierta en uno de los tantos pueblos fantasmas que existen en España.

                                                                                                                                                                        Ángel Gutiérrez.

 

Las 3 en punto, por fin termino, he dejado todos los expedientes cerrados, salgo directo hacia la A-66, los viernes de julio está con más tráfico. Tres horas de viaje. Paro para tomar un café en Doñinos, ya había parado para llenar el deposito antes de llegar a Salamanca, pero quiero estirar las piernas. Una parada corta para despejar la cabeza pero sobre todo para seguir disfrutando del viaje, no tengo prisa...

Reanudo la marcha, ya me queda poco, voy disfrutando de las vistas de las encinas, las dehesas y el ganado. Se me hace corto, sin darme cuenta veo a lo lejos el helicóptero parado junto al edificio, y ya leo el cartel en el que pone "Helipuerto de Guadramiro".

Las 7 de la tarde, sin deshacer el equipaje, salgo a dar un paseo hasta "la fábrica", por el camino voy saludando a la gente y me paro a dar un abrazo a Ignacio, le pregunto por su hijo y me dice que todo le va bien. Prosigo, un Megane se para a a mi lado y me subo en él, Vicente al volante canturrea esa de los Chunguitos y "el veneno para morir", y yo ya no pienso en un desastre natural global sino en llegar a la Fuente Córdoba y probar el agua. Sigue sabiendo igual de buena, al contrario que el veneno de la canción, llenamos varios cacharros y vuelta a Guadramiro.

Llega la noche y subo hasta la Cruz Alta a ver las estrellas, despues de la cena y tras una tertulia con mi madre y mis hermanas, me dejo caer en la cama. Con una manta y sin ruidos duermo de un tirón. Por la mañana turradas recién hechas y el desayuno preparado en la cocina que tomo junto a una chimenea apgada. Pruebo la miel recién comprada en el pueblo, "no problem", aquí todavía hay abejas, y qué rica me sabe.

Paso el día paseando y visitando a mis tios, primos y a un amigo que ha venido desde Bilbao, con el que tomo un aperitivo antes de comer. Por la tarde no sé que haré, lo mismo me pego una siesta de campeonato, o lo mismo me subo hacia Viti y paso la tarde en la piscina. Me da igual, no me preocupa, simplemente me dejo llevar. Eso si, mañana es San Cristóbal, y tengo que subir con el coche hasta la ermita, lo tengo que llevar bien limpio...Pero el resto me da igual, estoy de vacaciones y ya no pienso en el fin del mundo, en los mayas y en todos esos rollos. Me queda por delante una semana de vacaciones, lejos del trabajo, del ruido, de las prisas. Así es y así será este verano, y los siguientes. Mientras pueda, todos los veranos de mi vida tento que seguir viniendo a Guadramiro.

                                                                                                                                                                               Alfonso Martín.

 

Sin Título.

Hay un proverbio que dice "no es de donde se nace, sino de donde se pace" pero como todo refrán tiene su parte de verdad notable y su parte de burdo error. Puede que valga plenamente para las ovejas, más no es válido para los humanos. Yo no he nacido en Guadramiro, ni tampoco he pacido aqui, y sin embargo a todo el mundo digo que soy de Guadramiro, porque en el último fondo de mi ser, en el último e insobornable resquicio de mi corazón, soy de aquí y no de otro lugar.

Pero, si uno no es , a veces, de donde nace, y tampoco de donde pace, es decir, de donde trabaja remuneradamente, ¿de donde demonios es uno? 

Un gran poeta europeo, Rainer-María Rilke, dice lo siguiente: Aun al prisionero que se pudre en la mazmorra, la infancia le asiste hasta el final, pues ella, ajena al tiempo, sostiene al corazón.

De la infancia, en efecto recordamos lo mejor: los episodios felices, o que tuvieron feliz término, y su recuerdo sostiene nuestro corazón porque lo bailado entonces nadie no lo puede sustraer. Rilke nos brinda la solución: de donde se pasa la infancia es de donde recibimos la impronta que nos marca para el resto de nuestra vida.

La infancia es la patria del hombre.

Otro gran poeta, el romántico alemán Novalis, dice asi: Lejanías del recuerdo, deseos de la juventud, sueños de la infancia, cortas alegrías y vanas esperanzas de la larga vida entera, acuden en grises hábitos, como nieblas vespertinas, tras la caída del sol.

También, por tanto, el recuerdo de la infancia (o el pasado) produce tristeza en nuestro corazón. Ambos poetas resumen uno en plan optimista (Rilke) y otro en plan melancólico (Novalis). La impronta dejada en nuestro espíritu por las vivencias de la infancia y la primera juventud. De donde se pasa la niñez, la mocedad, es, pues, de donde uno es con mayor autenticidad.

Y yo, con una niñez en Guadramiro llena de acontecimientos agradables, me considero de aquí hasta el último fondo de mi corazón. Porque la infancia en un pueblo puede ser más féliz que la infancia en una gran ciudad. Por tanto esto, acabo pensando que ser de Guadramiro, como ser de pueblo en general, es una de las pocas cosas serias que se pueden ser.

                                                                                                                                                              Antonio A. Martín

 

 

 

camino Guadramiro-Valderrodrigo

El elemento más llamativo de Guadramiro es la torre, atalaya y punto estratégico de defensa y observación. En ella se muestra la riqueza de la tradición. Es atractiva por su antigüedad y fortaleza. Pero para quien aquí estáis, la torre es algo connatural al vivir de cada día. Y para los que ahora estamos lejos, no sólo es patrimonio que nos llevamos, sino también imán que nos atrae y nos acerca en la distancia del tiempo y de la geografía. A veces, en su ausencia, cuando pienso en ella, recuerdo aquellos preciosos versos de Antonio Machado, que dicen:

La plaza tiene una torre/  la torre tiene un balcón/ el balcón tiene una dama/   la dama una blanca flor/   Ha pasado un caballero/  !quien sabe por qué pasó!/ 

y se ha llevado la plaza/  con su torre y su balcón/ con su balcón y su dama/ su dama y su blanca flor/

 

Este caballero es el tiempo, que todo se lo lleva; no ha podido, sin embargo, borrar muchas vivencias, que perduran en nuestra memoria y que yo quiero recordar. Dice " El libro de los lugares y aldeas del obispado de Salamanca de 1604" que nuestra torre tenía entoces cuatro campanas y un reloj. Lo del reloj, en aquellos, sin lugar a dudas, un lujo; hoy, lo hemos sustituido por la electrónica. Y lo de las cuatro campanas, quizás sea cierto que entonces fueran cuatro, pero yo conocí cinco; bueno, tres y dos campanillos rotos.

Tanto es el simbolismo de la torre en Guadramiro, que hay veletas en algunas casas con su forma.

 

Vamos, pues, a recordar aquellos sonidos maravillosos que nos han hermanado a todos,  y que tenían y tienen su propia y específica identidad. Esos toques de campanas encerraban una manera de ver el mundo, de organizar el tiempo, el espacio y hasta la convivencia....Esto, yo creo que se ha perdido. Por tanto, poned atención:

La campana grande era la que se usaba para tocar a misa; la del medio con la grande, para repicar los domingos y fiestas de guardar; alternativamente, pausadamente, ambas doblaban y doblan para anunciar la muerte de algún vecino y su entierro; la chica, para las misas de diario y, a veces, para el toque de oración; los dos campanillos, para anunciar la desgracia de un niño fallecido. Todas juntas, era "echar las campanas al vuelo", para repicar los grades días de Corpus, " el domingo la Entrega", los días de San Pedro y San Pablo, el día de la Virgen de Agosto, el día de las Madrinas... El día de San Cristóbal casi no tocaban y, en Navidades, como hacía mucho frío, había hielo, quizás nieve, no venía al caso repicar.

Pero los repiques no sólo llamaban a los rezos y a los cultos; servían, también para dar a conocer la fiesta, allí hasta donde llegara el sonido. Era informar a las gentes de los términos que nos rodean, de la fiesta tan magnífica que había en este pueblo, quizas con gallo,conejo o machorra. Estos sonidos se convertían en los pregoneros de aquellos tiempos. A tanto llegaba la intensidad del repique, que he llegado a ver volteadas las dos más grandes, con no poco susto en el cuerpo.

 

En no pocas ocasiones, servían para regir la vida misma. Recordad el toque de oraciones. Con precisión suiza, al anochecer, llegaba ese toque, no solo para rezar, sino para que todos los muchachos y muchachas volviésemos a casa, si no se querían sufrir un severo correctivo. Y era una lástima, porque casi siempre era el momento en el que el juego estaba más animado.

Otras veces, por el contrario, nos anunciaban hechos o momentos que había que tener en cuenta. Recuerdo el toque que se hacía en aquella tarde en la que se anunciaba que se abría el rastrojo, una vez recogidas las mieses; recordad los más viejos, el toque de campanas, en tarde del mes de mayo, con el que se iniciaba echar las vacas a la boyada; yo tengo un vago recuerdo de que también se tocó alguna vez, para echar los cerdos a la becera ( esta palabra no sé yo si los jovencitos la conocerán).

!Y qué me dicen del toque de rebato! Era, y posiblemente siga siendo, uno de los toques que más encogen la barriga. Se hacía (y se hace) cuando hay fuego en el pueblo y lo hacia (y debe hacerlo) el primer vecino que llega a la iglesia o el propio cura, si lo hay. Se tocan las campanas de forma estridente, sin orden, a lo que salga y de forma rápida. Es una alarma. Yo recuerdo las campanas sonando para alguno de estos fuegos: pjar del Sr. José Luis; otro pajar junto a la casa de Casimiro Riguero; en el campo, por el Valle el Encinar al arder una cosechadora. Otros, no vividos por mi, pero también terribles los teneis en vuestra mente.

No quiero cansaros con estas cosas, pero tengo que referirme a un toque muy especial, que nunca se me olvidará: el toque de la noche de difuntos, del 1 al 2 de noviembre. Las campanas doblaban casi toda la noche. Esta tradición, como otras muchas se ha perdido. Y el motivo es que se ha devaluado una de las profesiones más duras y peor pagadas que han existido: la profesión de monaguillo.

Para general conocimiento os diré que no podía ser monaguillo cualquiera. Habia que empezar, aproximadamente con siete u ocho años, y entrar a formar parte de un cuerpo ya constituido, al menos, por cuatro o cinco más, que te precedían en edad, dignidad y gobierno. Había que estar a lo que ellos dijeran. Y había que aprender el padrenuestro, el avemaría, el bendito..., bueno, todas las oraciones; también había que saber cantar, en especial el "reginjonia", que era la misa de réquiem con los oficios, y la misa gregoriana. Era imprescindible aprender pronto a tocar las campanas, como Dios manda, y arreglar los alambres que permitían tocar la campana grande, desde abajo de la tribuna. Lo más duro era "hacer la semana", que consistía en levantarse temprano, muy temprano, lloviera o nevara, subir a la torre (mejor contando los escalones), tocar a misa, ayudar al Sr. cura, agotar las vinajeras cuando acababa la misa ,desayunar algo y  salir corriendo para la escuela. Al término de la semana, cobrar, tanto, como si estuviéramos en crisis permanente.

Bueno, pues la noche de los difuntos, los monaguillos teníamos bula para permanecer en el campanario hasta altas horas, bien provistos de leña, castañas, algún que otro chorizo para asar, y lo que cada madre había decidido que lleváramos. La leña, apañada donde se podía, era suficiente para chamuscar seis o siete cochinillos. La lumbre era necesaria para aguantar el frío, y las llamas, en ocasiones, llegaban hasta el piso del reloj, del que sólo quedaban cuatro tablas mal colocadas, pero suficientes para aguantar nuestro peso. Cuando ya la noche era cerrada, entre toque y toque, el monaguillo mayor, el jefe, iniciaba la subida al "palomar", estancia de la torre anterior a la salida de los boliches, para recoger a tientas y con la poca luz de la lumbre, dónde anidaban las palomas y donde estaban los tordos, los pardales, los palomos, algún vencejo y, si no había emigrado, algún míkale. Las batidas sucesivas venían después, y en ellas solo participaban los más experimentados. Los novatos, como mucho, podían subir al reloj. Los más avezados, hasta salían a los boliches, en el tejado. Una vez hecha la carga con algunas docenas de zorzales, tordos y palomos en el zurrón, había que contar historias al calor de la lumbre: unas fantásticas otras reales, pero siempre entretenidas. La noche en la torre, con su toque a difuntos terminaba cuando el Sr. cura nos apremiaba a bajar y a apagar el fuego.

                                                                                                                                                                J.A. Hernandez.

Campana mediana

 

Guadramiro , a cuya torre vemos cada día tras sus campanas una mirada mas triste, y cada golpe de campana es una lágrima, un llanto, un grito implorando ayuda, una pena que ya no puede contenerse mas, porque ve que se le va la gente, se le van sus hijos, que le abandonan y quedará solo ante el peligro, con una ermita que le mira dia a dia, una ermita que guarda a su vera las almas de quien no le abandonaron, cobijandolas bajo su ala izquierda para que echen a volar a pedir esa ayuda que los vivos no le proporcionamos. Y sobre su espadaña posa una de las últimas moradoras de Guadramiro, la cigüeña, la que lleva la historia de nuestro pueblo reflejada en sus colores, el blanco del esplendor pasado y el negro del oscuro futuro, un animal sabio que con su pico translada el llanto de Guadramiro, la agonía bajo la cual sollozan la Ermita, la torre, la iglesia, el antiguo hospital...de todos los edificios que caen como lágrimas de una madre o una abuela que ve marchar a sus hijos y nietos y que no saben en cuanto tiempo no los volverá a ver.

C.J.S.F 

 

 

 

 

¡NO SABES LO QUE DARÍA!

 

Si en mis manos estuviera

“pueblo mío darte vida,

No dudes de que lo haría

Contenta y bien convencida.

 

Pero no tengo la clave

Para tus males curar,

Y viendo tu decadencia

Siento ganas de llorar.

 

Porque me diste la vida

Y en tu cielo vi la luz,

Quisiera yo devolverte

Lo que me diste a mi tú.

 

Me diste una tierra noble

Que trabajé con mis manos,

Y unos soles tan ardientes

Que abrasaban los veranos.

 

Un invierno duro y frío;

Donde las blancas heladas,

Al cielo lo embellecían

En las noches estrelladas.

 

Bajo ese cielo soñaba

Con ver otros mundos nuevos,

Y conocer otras gentes

Con sus luchas y desvelos.

 

Cumplidos ya mis anhelos

A la vuelta del camino,

Vuelvo a ti en busca de paz

Lo mismo que un peregrino.

 

Se agita mi corazón

Con el viento del recuerdo

Del ayer –ya lejano-

La perspectiva no pierdo

 

Pues cuando tú me recibes

Con los brazos extendidos,

El corazón se me ensancha

Y acelera sus latidos.

 

Por todo cuanto me das

Te tengo agradecimiento,

Por eso al ver tu declive,

¡no sabes!, como lo siento.

 

No sabes cuánto daría

Porque fueras como ayer,

Cuando, por tus calles

Niños veían correr.

 

Si cuando niña yo fui

Te di toda mi alegría,

Por verte lleno de vida,

¡no sabes lo que yo daría!

  P. Calles

 

 

 

 

 

Guadramiro: mi pueblo, nuestro pueblo, el pueblo al que voy en vacaciones o el que elegí para vivir.

Muchos somos los que estamos relacionados con este lugar; donde quizás tengamos tíos, abuelos, amigos u otros familiares. Estamos vinculados con Guadramiro por algo; porque naciéramos aquí, porque nuestra madre o nuestro padre se criaran aquí, porque nuestra mujer o marido pertenecieran a él, o sencillamente porque tengamos una casa, parcela, local o herencia en este lugar.

Por estos y otros muchos motivos más me siento alguien más de tan encantadora villa, una pieza más. Soy importante para mi pueblo, todos somos imprescindibles ( más de lo que nos pareciese). Todos formamos piezas más grandes o más pequeñas, pero que conjuntan un PUZZLE llamado Guadramiro.

Un puzle lleno de historias, tradiciones y sobretodo de mucha vida: conservado a lo largo de los años y siglos mediante el esfuerzo de sus gentes. Por ello, no debe deteriorarse, sentirse abandonado hasta morir y desaparecer sin antes haber luchado por evitarlo.

Todos debemos aportar nuestro pedacito para impedir esto, para que Guadramiro no se apague y para que brille tanto como algún día llegó a brillar.

Hay muchas formas de contribuir con dicha misión. En ocasiones puede resultar complicado debido a motivos económicos, personales, etc… Comprendo que la vida esté muy difícil, que todo vale mucho y que a nadie le sobra el dinero.

A veces imagino lo que podría hacer en mi pueblo con una parte, digo sólo una parte, de lo que nos cuestan las viviendas en las ciudades, de lo que nos gastamos por unos simples metros cuadrados. Vuelvo a la realidad aunque sigo pensando e imaginando cosas que elevarían las posibilidades de mi pueblo:

Cada obra realizada en Guadramiro es sinónimo de ilusión, vida y sobretodo de conservación de nuestro pueblo, puzle o como lo queramos llamar. El arreglo de una casa, de un local o la construcción de un nuevo chalet es algo grande, un sentimiento de ilusión, una dosis de esperanzador futuro. Cualquier obra vale. La cuestión es no dejar que nuestro pueblo se derrumbe. Esto contribuye a que Guadramiro tenga mucha mejor imagen, COSA QUE ENTRE TODOS HEMOS CONSEGUIDO PROSPERAR HASTA EL MOMENTO, “DEBEMOS CONTINUAR ESTA TRANSFORMACIÓN, ADAPTANDOLA A LOS TIEMPOS QUE CORREN” para que nos guste más venir, vivir y gozar de los infinitos encantos que atesora un pueblo como Guadramiro.

Además, vivamos donde vivamos, si nos empadronamos en Guadramiro, conseguiremos grandes beneficios para nuestra localidad, que luego veremos reflejados y podremos disfrutarlos, como más actividades culturales, más fiestas, y tener más infraestructuras de todo tipo. “ A más habitantes más ayudas, más cosas.” Es una buena forma de demostrar nuestro afecto al pueblo.

Muchas son las cosas que podemos hacer, quizás la más importante este en mano de los que vivimos o nos ganamos la vida por esta zona ¿ por qué irse a Vitigudino? ¡Con todo lo que nos ha dado Guadramiro! Todos queremos a nuestro pueblo, lo defendemos, tenemos sentimientos hacia él, recuerdos buenos y no tan buenos (gústame recordar los buenos), vivencias, grandes momentos de infancia, juventud, nuestras raíces, diversiones, fiestas…. Siempre me quedaré con que mi pueblo me trató todo lo mejor cuanto supo y pudo, por ello no basta con desearle lo mejor y dejarlo solo.

Si todos o la mayoría de los que nos ganamos la vida por esta zona edificáramos y nos instaláramos en Guadramiro, todo cambiaría considerablemente para mejor. Haríamos un pueblo FUERTE y joven, con futuro, capaz de muchísimas cosas que envidiarían hasta en pueblos como Vitigudino. Pero nos falta valor.

Esto no le resta importancia a los que tenemos que ir a ganar la vida lejos de aquí, ya que nosotros también somos importantísimos si contribuimos en ciertas cosas.

Piensen en lo hasta aquí leído y saquen sus propias conclusiones; yo simplemente he recogido una serie de patentes ideas, las cuales, contribuyen a que Guadramiro salga adelante.

Y como dice el refrán: “mientras hay vida hay esperanza” y “la esperanza es lo último que se pierde” pues eso; que ojalá que los tradicionales rincones, calles y plazas de Guadramiro puedan seguir disfrutando muchos años más de esas risas, juegos y travesuras que todo grupo de niños desprende cuando juega, pueda contemplar cómo crecen, disfrutan, enseñan y maduran sus padres y pueda seguir escuchando cómo nuestros mayores cuentan a los más jóvenes sus hazañas vividas años atrás.

¡VIVA GUADRAMIRO!

Guadramiro