TIRÓN DE OREJAS DESDE EUROPA

 
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Hace escasos días el Consejo de Europa presentó un informe en el que daba un nuevo tirón de orejas a la Junta y al Gobierno en materia lingüística, instándoles a que adopten medidas “concretas y prácticas” para la promoción del leonés, dado el avanzado estado de deterioro de una lengua que, en 1999, la UNESCO calificaba en el Red Book of Endangered Languages como “seriously endangered” para el área de Salamanca, Zamora y León, esto es, “en grave peligro”.

El ‘tirón de orejas’ del Consejo de Europa a Junta y Gobierno en este sentido se cimienta en que España es uno de los países que firmó (en 1992) y ratificó (en 2001) la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias. Y para evitar riñas partidistas en este sentido, ha de señalarse que la firma de dicha Carta se hizo por parte del gobierno de Felipe González y la ratificación por el de José María Aznar, incumpliéndose por los partidos de ambos posteriormente.

Y muchos se estarán preguntando ¿Y qué tiene que ver el leonés con Las Arribes? Pues la verdad que mucho, partiendo de que el nombre “Arribes” procede de esa lengua, con el característico femenino plural acabado en –es, y que también encontramos en otros topónimos de la zona como Las Uces. Asimismo, si rastreamos los nombres de nuestros pueblos vemos que en muchos de ellos el nombre medieval original, aunque posteriormente se castellanizase, era inicialmente en leonés. Así, en la documentación del siglo XIII encontramos Figal (Ahigal), Pozos de Fenoio (Pozos de Hinojo), Seyxu (Gejo), Sexolo (Gejuelo), etc., a los que habría que sumar los nombres que poseen el diminutivo propio del leonés –ino, como Villarino o Bartillino (Barceíno), o estructuras nominales propias de esta lengua, como Villarseco (Villaseco), Valderrodrigo, Valsalabroso, Guadramiro, Villargordo, etc.

Pero la relación del leonés con Las Arribes no se circunscribe sólo a los topónimos, ya que desde la reconquista, y durante varios siglos, ha sido la lengua vehicular de la mayoría de nuestros paisanos, hecho que motivó que llegase al siglo XX en un estado de conservación más que aceptable en nuestra zona, siendo Las Arribes junto al Rebollar las dos zonas de la provincia donde el leonés se conservaba con una mayor pureza.

Así, en 1947, el que fue a la postre Catedrático de Filología de la Universidad de Salamanca, Antonio Llorente Maldonado, realizó un extenso trabajo de análisis sobre el leonés de Las Arribes, titulada Estudio sobre el habla de La Ribera (comarca salmantina ribereña del Duero), -que para los curiosos que quieran echarle un vistazo pueden descargarlo pinchando aquí-, en el cual analizaba pormenorizadamente las características lingüísticas de Villarino, Pereña, Masueco, Corporario, Aldeadávila, Mieza, Vilvestre, Saucelle, Hinojosa y Fregeneda. En dicha obra también señalaba (aunque sin llegar a hacer un estudio sobre ella) que el área que este autor denominaba “Las Aldeas” (que englobaría a La Zarza, Cerezal, La Peña, Cabeza del Caballo, La Vídola o Cabeza de Framontanos) era la zona que “conserva con mayor pureza que el resto de la provincia y por lo tanto con más también que en la Ribera el antiguo dialecto leonés”.

El diagnóstico de Llorente Maldonado, que se daba antes del impacto que supuso la construcción de las grandes presas de nuestra zona, coincidía con el de Unamuno quien, como recordaba en 1979 el ilustre vitigudinense Manuel Moreno Blanco en su obra La Gudina. Impresiones de un nativo, llegó a afirmar que “en Villarino, en su lenguaje, se conservan los últimos restos del idioma leonés”. En este mismo sentido, Llorente Maldonado consideraba el habla de Villarino, Aldeadávila y Corporario “de eminente carácter dialectal leonés occidental, con abundantes rasgos arcaizantes”, seguida en pureza por las hablas de Mieza y Vilvestre, donde apreciaba ya fenómenos fonéticos similares a los que se daban en la Sierra y en el noroeste de Cáceres.

Y es que Miguel de Unamuno no era ajeno al hecho de que las raíces lingüísticas salmantinas se hundían en el viejo leonés, pues en 1922 en su obra Andanzas y Visiones españolas, afirmaba: “Esta ciudad y región en que vivo, Salamanca, perteneció al reino de León, y leonesas son las particularidades de su habla popular”. Del mismo modo, años antes, y refiriéndose también a esta cuestión, en carta dirigida a su discípulo Federico de Onís el 11 de mayo de 1907, Don Miguel le expuso sobre la cuestión lingüística: “Mi idea es que Salamanca no es Castilla sino una transición de León a Extremadura con toques portugueses y algunos castellanos”, carta de la que se hacía eco en 2009 el Doctor en Filosofía por la USAL Laureano Robles, en su artículo «Dialecto salmantino». Escrito por Unamuno y regalado a Federico de Onís.

En todo caso, la situación ha cambiado mucho para el leonés en el último medio siglo, viéndose cada vez más castellanizado por la falta de prestigio social que posee, el propio desconocimiento (fuera del ámbito académico filológico) de que se trate de un sistema lingüístico propio, y la estigmatización que han venido sufriendo sus hablantes más puros, avergonzados de su manera de hablar al pensar que “hablan mal”, “raro” o “medio portugués”. Todo esto ha motivado la diglosia (el arrinconamiento del leonés al ámbito familiar por la vergüenza de usarlo en público), y una sustitución paulatina del léxico leonés por el castellano, en lugar del aprendizaje y uso paralelo de ambas lenguas. Así, en 1982 el diagnóstico de Llorente Maldonado en El habla de Salamanca y su provincia era bien diferente del que realizó 35 años antes, y si bien seguía catalogando la existencia de leonés en las comarcas de La Ribera, El Rebollar y parte de la Ramajería, el Abadengo y Campo de Argañán, lo consideraba bastante ‘degradado’, hablando de “restos leoneses más o menos abundantes en toda la mitad occidental de la provincia” y “restos escasos en la mitad oriental de la provincia, tanto más castellana o castellanizada (desde el punto de vista lingüístico) cuanto más al este”. En 1999, el también Catedrático de la USAL y miembro de la RAE, Julio Borrego Nieto, daba un diagnóstico similar, indicando la pervivencia más intensa de leonesismos en el habla al noroeste provincial, en lo que coincidía también otro Catedrático de Filología de la USAL, José Gómez Asencio, que indicaba la existencia de dialectos del leonés en Las Arribes y El Rebollar.

Las peculiares características lingüísticas del antiguo reino leonés fueron resaltadas nuevamente en 2001 por Julio Borrego, que en El concepto de norma regional y su aplicación a las hablas castellano-leonesas, hablaba de “la personalidad del área vertical formada por las provincias de León, Zamora y Salamanca […] En esa franja se conservan aún una cantidad notable de fenómenos peculiares, muchos de ellos emparentados con las antiguas hablas leonesas”. En el mismo sentido, la profesora titular de Lengua Española de la Universidad de Extremadura, Pilar Montero, señalaba en 2004 en El dialecto leonés y el Atlas Lingüístico de Castilla y León, que “los vínculos políticos entre las nueve provincias que integran la comunidad castellano-leonesa prosperan, al margen de la unidad idiomática, en dos regiones que poco tienen que ver entre ellas desde el punto de vista lingüístico. Las tres provincias leonesas mantienen su identidad dialectal y conservan restos de lo que fue el antiguo asturleonés”.

Dejando a un lado las opiniones de los filólogos, no deja de resultar curioso que la Junta no haga nada para la protección o fomento del leonés en sus zonas de uso tradicional, mientras que actualmente y desde hace unos años ofrece en los institutos bercianos y en un colegio sanabrés clases de lengua gallega, o un modelo bilingüe castellano-euskera en la escuela de primer ciclo de educación infantil del Condado de Treviño, territorio este último donde podemos encontrar carteles turísticos financiados por la Junta que se encuentran rotulados en euskera. Y todo ello sin tomar en cuenta que el euskera es una lengua que no tiene hablantes de lengua materna en dicho territorio burgalés, caso contrario a lo que ocurre con el leonés, que sí los posee y en tres provincias, hecho que no debería obviarse por muy envejecidos que estén dichos hablantes. Las preguntas que surgen son varias: ¿Por qué se discrimina al leonés? ¿Hay motivos políticos que justifiquen esta actitud anti-leonesa? ¿Por qué la Junta da un ‘sí’ a la escolarización del gallego en el occidente de León y Zamora, y da un ‘no’ a la del leonés? ¿Por qué se le niega la promoción al leonés, que viene recogida en el Estatuto, y no al euskera que ni aparece citado en él?

Y es que, si para la promoción de castellano, euskera y gallego en la comunidad de Castilla y León sí hay dinero de la Junta, para el leonés no lo hay, y todas las actividades que conllevan una promoción o defensa del leonés están siendo financiadas exclusivamente por asociaciones particulares o por determinados municipios, como es el caso de Truchas (en León) o el de Robleda (en Salamanca), que han decidido poner bilingües, respectivamente, las señales del municipio y las calles, incluyendo la variedad comarcal del leonés. Como curiosidad, cabe decir que los gobiernos municipales de Truchas y Robleda que llevaron a cabo dichas acciones en defensa del leonés eran del PP y el PSOE respectivamente, por aquello de quien quiera pensar mal.

En todo caso, el Consejo de Europa, en su informe, pone el dedo en varias llagas, pues no sólo habla de la nula promoción del leonés, sino que señala que ni la Junta ni el Gobierno le han proporcionado la información que están obligados a remitirle cada tres años sobre el leonés de cara a evaluar el grado de cumplimiento de la Carta Europea de las lenguas regionales. Y es que, si bien en 2001 se llevó a cabo la ratificación de dicha Carta, aún no se ha hecho nada para su cumplimiento en lo que al leonés se refiere, y ya va década y media.

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Por otro lado, la última reforma del Estatuto de Castilla y León, realizada en 2007, introdujo en el articulado un reconocimiento del leonés, afirmando que sería protegido y promovido su uso, de tal forma que el artículo 5.2 del Estatuto versa así: “El leonés será objeto de protección específica por parte de las instituciones por su particular valor dentro del patrimonio lingüístico de la Comunidad. Su protección, uso y promoción serán objeto de regulación”.

No obstante, pese a dicho reconocimiento, hasta hoy, casi una década después, ese artículo se ha quedado en papel mojado, pues no ha habido ninguna Ley posterior que le haya dado desarrollo, hecho que fue denunciado por el Procurador del Común en 2009, así como por varias asociaciones de León, Zamora y Salamanca. De hecho, en su informe de 2011, el Consejo de Europa ya exigió “actuaciones decididas” a la Junta para la promoción del leonés, recomendación que fue desoída por el ejecutivo autonómico pues, como señalaban desde la institución europea, “el simple reconocimiento del leonés en el Estatuto de Autonomía no es suficiente para su promoción y protección”.

Ahora, en enero de 2016, al igual que en el informe de 2011, el Consejo de Europa ha vuelto a pedir a la Junta que ofrezca el leonés como “parte de los planes de estudios”, esto es, que al menos se ofrezca la posibilidad de estudiar como asignatura optativa leonés en las comarcas donde aún se conserva. Desde la asociación Faceira afirman sobre este punto que realizaron una petición hace un lustro en ese sentido: “Pedimos a la Junta que lo incluyera en el sistema educativo en 2011 pero la respuesta fue negativa. […] Nos ponen cientos de excusas para no incluirlo […] pero lo único cierto es que no cumplen con lo establecido en el estatuto autonómico”.

La desprotección total (incluso rechazo) que posee el leonés por parte de las instituciones es única dentro del panorama lingüístico español, aunque ese trato denigratorio se circunscribe sólo a las provincias de León, Zamora y Salamanca, pues cabe indicar que el dominio lingüístico asturleonés es más amplio e incluye también a Asturias (donde existe la Academia de la Llingua Asturiana, dependiente del Gobierno del Principado, y el uso de la lengua se regula mediante la Ley 1/1998, de 23 de marzo, de uso y promoción del bable/asturiano, impartiéndose como optativa en los institutos de esta región), así como la portuguesa Tierra de Miranda do Douro, donde la variedad comarcal del leonés (el mirandés), es oficial desde 1999 tras la aprobación de la Lei nº 7/99 de 29 de janeiro, Reconhecimento oficial de direitos linguísticos da comunidade mirandesa. Del mismo modo, en el noroeste de Cáceres (en los municipios de San Martín de Trevejo, Eljas y Valverde del Fresno) nos encontramos una lengua a medio camino entre portugués y leonés conocida como “A fala”, declarada por la Junta de Extremadura como Bien de Interés Cultural por Orden de 14 de junio de 2000, y donde podemos encontrar las calles y carteles turísticos rotulados bilingüe. De hecho, la propia página de turismo de Extremadura muestra ésta como un atractivo turístico de la zona.

Por todo ello, creo que en Las Arribes deberíamos sacudirnos los complejos de inferioridad respecto a nuestros dialectos autóctonos, que languidecen en el habla de nuestros paisanos más mayores. Poner en valor el leonés arribeño puede ser una manera de sumar un atractivo y una peculiaridad más al Parque Natural de Las Arribes, pues es algo que otras zonas no pueden ofrecer. Y digo sumar, porque no se trataría de quitar o eliminar nada, sino simplemente de añadir a lo que ya tenemos un valor más, esa lengua que ha estado arrinconada y ridiculizada durante décadas, siglos, y que deberíamos ayudar a que no muera del todo, a que alargue su existencia. Personalmente, creo que la iniciativa para ello debería partir de los ayuntamientos y asociaciones culturales que existen en nuestros pueblos y, muy especialmente, señalo Villarino de los Aires/Villarinu, donde el leonés se ha conservado más (a pesar de que no haya relevo generacional en su uso) y cuya peculiar habla autóctona ha sido tratada por ilustres lingüistas, desde Llorente Maldonado hasta Unamuno.

La detallista y trabajada obra de Llorente Maldonado sobre el leonés arribeño, de 1947, supone una base inmejorable sobre la que trabajar en esta cuestión, en la cual hay que exigir a Junta y Gobierno que cumplan también su obligación con respecto al Estatuto y a la Carta Europea de Lenguas Minoritarias o Regionales, y que introduzcan la enseñanza del leonés como asignatura optativa en los planes de estudios de Las Arribes y El Rebollar. En este sentido, propondría que la optativa no fuese exclusiva sobre esta lengua, sino que tuviese un aspecto cultural más amplio y fuese de Cultura Leonesa, y que en ella no sólo se enseñase leonés (que es a lo que obligarían Estatuto y Carta), sino también la cultura tradicional de la zona, donde se pudiesen tomar unas nociones básicas sobre gaita y tamboril, sobre la arquitectura tradicional de nuestros pueblos y se enseñase a valorar el conjunto de Las Arribes (tanto desde el punto de vista natural como monumental, aparte del lingüístico). Creo que de este modo podría ser especialmente útil y el leonés, que sería el medio por el que se daría la posibilidad de que se enseñasen esos otros aspectos, prestaría un gran servicio a Las Arribes para que aprendiésemos a valorar más nuestra maltrecha tierra. ¿Por qué no?

 

Artículo de Opinión 31-1-2016 (Carlos Javier Salgado Fuentes)